Libros, idiotas y máscaras de Guy Fawkes

Pocas cosas me hacen salir del confort de mi casa. Mis amigos son una de ellas. Libros son otra. Así que éste sábado, cuando se combinaron ambos en una tentadora oferta no tuve más opción que aceptarla, por lo cual salí de la reconfortante oscuridad de mi habitación hacia el mundo exterior.

Al llegar, parecía que iba a ser una tarde agradable. Había bastantes libros y pude comprarme dos y ver más que compraré en pocos días. Adoro los libros más de lo que puedo querer a casi cualquier persona. Los libros te presentan ideas, posibilidades mutables y perfectibles en mundos ilimitados. La literatura te alimenta la imaginación y esto te permite alcanzar posibilidades que jamás concebiste. La realidad es triste y limitada ante estas posibilidades. Pero elaboraré en mi amor por los libros luego, por ahora me concentraré en los eventos de éste sábado. Mis amigas estaban de buen humor, y fue agradable pasar el rato con ellas. Incluso me encontré con un amigo que llevaba mucho tiempo sin ver, cosa que fue agradable. Además, la variedad de libros era muy amplia, por lo cual pudo haber sido una excelente tarde, de no ser por ellos.

Primero fue ella. Cuando se acercó a nosotros, presentía que habría problemas. Ustedes conocen ese tipo: bolso tejido, un vestido con pantalones, pelo alborotado… todo sugiriendo la imagen de descuido, sin embargo, a su vez, todo demasiado preciso como para ser accidental. Era una hipster. Al acercarse a nosotros repartió unos papeles. Yo intenté rechazarlos, pero ante su insistencia no pude negarme. Debo admitir que a pesar de mi repulsión personal por esa clase de personas, le recibí con una sonrisa (o lo más cercano que puedo sacar a ella) y acepté el papel que ella estaba repartiendo. Apenas lo vi supe que había sido una mala idea. No pude distinguir mucho de lo que decía el papel antes de arrugarlo, destrozarlo, echarlo en una papelera, escupirlo, apagarle un cigarro encima y solo detenerme de orinar (y más) encima de las cenizas por la cara de mis amigas y el hecho de que es mejor no tener encima un arresto por exhibicionismo. “¿Pero qué palabras pudieron haber causado tal reacción?” se preguntarán ustedes. Simple, solo dos: Movimiento Zeitgeist.

Para aquellos que no saben que es el Movimiento Zeitgeist, déjenme darles un leve resumen: gracias a unas películas de muy baja calidad que son esencialmente porno para creyentes de teorías de conspiración, un montón de gente con demasiado tiempo libre ha formado uno de los movimientos políticos más ridículos de la historia. En líneas generales (cosa que es muy difícil de reducir, debido a la contraproducente pluralidad del movimiento), los ideales del Movimiento Zeitgeist se basan en combatir todos los establecimientos políticos y económicos del mundo para traer algo nuevo y presuntamente mejor. ¿Qué? Nadie lo sabe. Proponer respuestas a los problemas no es parte de la potestad de movimiento, solo quejarse.  Estos genios de la generación del ocio han convertido el trolling en una actividad política. Rastros de éste movimiento pueden encontrarse entre los Indignados de Europa, los Ocupantes de Wall Street (Occupy Wall Street, en caso de que mi interpretación de su nombre haya sido incorrecta) y movimientos similares donde la juventud se reúne a protestar contra cosas que no comprenden, sin un entendimiento claro de por qué se está protestando y sin una agenda u objetivo determinado. Sólo nuestra generación, la generación del download, la generación del app, la generación de la velocidad de la información por delante de la calidad de ésta… solo nosotros podíamos inventar un movimiento político donde pensar no fuera un requisito. Si estás de mal humor, molesto, frustrado y no sabes qué hacer al respecto ¡únete! Si logramos hacer un cambio y no te gusta, siempre podemos protestar hasta que nos hagan felices a todos. Sin embargo, lo que de verdad me molesta no es la inutilidad de éste movimiento, o la falta de ideales de sus miembros, o lo fácil que es simplemente quejarse sin proponer soluciones reales y sólo hablar de mundos ideales donde la bondad, la hermandad y la fraternidad de la gran familia llamada humanidad reemplazarán a la moneda como forma de comercio (¡Jajajajajajaja!). No, lo que de verdad me hace temblar de la ira cada vez que veo a esos imbéciles son las máscaras de Guy Fawkes.

Si eres una persona que vive culturalmente en el siglo XXI, es probable que sepas quien fue Guy Fawkes. Y no lo conoces por poseer una gran cultura, o por tu interés en movimientos políticos fallidos de Gran Bretaña en el siglo XVII. Lo conoces gracias a una película llamada V for Vendetta. Ésta porquería de película fue una adaptación horrible de una excelente novela gráfica del mismo nombre escrita por Alan Moore. En la novela gráfica un anarquista manda a un estado totalitario inglés al caos total mientras realiza su venganza personal. La película fue producida por el mismo par de hermanos mediocres que nos dieron ese colectivo de ideas y estilos plagiados llamado “Matrix” y que luego de haber robado todo lo que hizo bueno a sus películas y producir algo ligeramente bueno (aunque no por mérito propio), arruinaron el producto bañándolo de mesianismo y huecos de trama. Y en la adaptación de V for Vendetta se nota que decidieron aplicar la misma brillantez que aplicaron en las anteriores. Por tanto, en lugar de ser una oda a la anarquía, ésta película terminó siendo un homenaje al socialismo con elementos de mesianismo, donde un hombre (en medio de la realización de una venganza personal) tumba a un estado opresor dándole al pueblo la oportunidad de ser libres y de decidir por sí mismos. El contraste es realmente triste en el significado que obtiene la máscara en ambas obras: (Spoilers aquí) en la novela gráfica Evey, la co-protagonista, luego de la muerte de V concluye que la identidad del hombre es irrelevante porque sea quien sea nunca va a ser tan grande como la idea que representa. Luego de ésta realización, ella decide adoptar la máscara y seguir con su obra, asegurándose que la idea no morirá (además de que como el mismo V señala en sus últimas palabras, aún falta mucho por construir, él simplemente destruyó las viejas creencias). En la película en cambio, la máscara se vuelve un símbolo de unidad, de sacrificio. V, el héroe, es todos nosotros, se sacrifica por el bien del mundo y detrás de su máscara estamos todos. Y al final de la película, V ha acabado con toda la corrupción y el mundo será mejor, un mundo donde el pueblo finalmente podrá gobernarse a sí mismo libre de la tiranía del estado corrupto (en éste punto debo ir a vomitar).

No nos engañemos: la mayoría de la gente de éste movimiento adopta la máscara gracias a la asociación con el simbolismo de la película. Los comics son cosas para nosotros los nerds, nadie los lee, sin importar el respeto que reciban. Y ya que hemos establecido que éste movimiento no es precisamente uno de una élite de pensadores y gente altamente culturizada (ni medianamente, ni pobremente… ni culturizada en general), dudo poderosamente que todos estén conscientes de la obra de Moore, y mucho menos de la historia de la Conspiración de la Pólvora, y las pantomimas y obras de teatro que surgieron posteriormente (de donde se origina la máscara como tal) por lo cual la máscara de Guy Fawkes se convierte, para éstos idiotas del Movimiento Zeitgeist, en un símbolo de revolución social. ¿Y quieren saber la mejor parte?  Guy Fawkes era lo que hoy en día se podría llamar un imperialista. Moore elige el símbolo de la máscara (presumo yo) porque para los ingleses es una figura popular de pantomimas y los tonos de la misma novela son deliberadamente teatrales, además de que representa un hombre que, como V en la novela gráfica, busca volar el parlamento para destruir la autoridad. Pero la realidad es que Guy Fawkes era un conspirador que deseaba matar al rey de Inglaterra para colocar en el trono a un rey católico. El símbolo de la revolución social del siglo XXI intentó traicionar a su país para darle el poder de regreso al imperio más antiguo que existía en aquel entonces: la iglesia católica en Roma. Y luego se preguntan por qué los odio a todos.

John F